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James Franco y la Wikipedia

Es una serie de televisión de hace años cuyo nombre no recuerdo. Una fiesta de hipsters en Nueva York. Alguien interrumpe la conversación de los protagonistas y les dice que en el piso de arriba James Franco realizará una lectura dramática de su propia biografía de Wikipedia. Todos se van a presenciar el espectáculo y queda en suspenso el diálogo de los personajes. No es necesario decir que nunca vemos la escena de Franco haciendo su performance narcisista. Para esa época el actor ya era muy famoso como para hacer cameos en series fracasadas. Sin embargo, el chiste me quedó sonando. ¿Es verdaderamente tan absurdo? Supongo que en una fiesta de hipsters cualquier cosa es posible, pero shows similares los vemos todos los días en internet, haya o no haya “alternativos” presentes.

Porque no se puede negar que existen muchos videos, podcasts y blogs que lo único que hacen es reproducir información de Wikipedia o páginas similares, presentándola como una introducción o contexto para sus análisis, críticas o lo que sea. En realidad, una gran porción de dichos videos o textos es ocupada por datos que cualquiera puede buscar con un par de clics. En el caso del material relacionado con cine y literatura nunca faltan los datos reveladores sobre las carreras de los protagonistas o de los autores, algún dato histórico supuestamente decisivo y una lista de las influencias de la obra en cuestión. Algo así como: “Fulanito dirigió tales y tales películas, su padre estuvo en la Segunda Guerra Mundial, que fue un conflicto que tuvo lugar entre 1939 y 1945 entre alemanes e ingleses, y sus mayores influencias son el escritor norteamericano Edgar Allan Poe y el pintor español Pablo Picasso. De niño quería ser futbolista, pero…”. Claro está que estos datos tan trabajosamente conseguidos después no se usan para nada. Son puro relleno para sostener una opinión que muchas veces consiste en declararse partidario de alguna de las varias “teorías” vigentes sobre cualquier cosa. Todo esto sin sátira y sin ironía. Lo curioso es que tales “trabajos” abundan, y algunos tienen éxito. Por lo visto la humanidad padece la enfermedad de la “datofagia”. Ni con todos los datos tenemos suficiente. Y lo peor es que no tienen que ser ni nuevos ni raros, basta con que sean datos. Aun en los medios tradicionales se padece el mismo problema. Cualquier crítica o reseña gasta la mitad o más de su limitado espacio en repasar la filmografía y la bibliografía de la víctima, y considerando que otra tajada se la lleva la, a veces, minuciosa sinopsis, no queda mucho para la verdadera carreta del articulista. Quizás en el pasado, antes de internet, suministrar información básica al público fuera algo útil. Pero en realidad nunca el dato vulgar y anodino ha servido para nada distinto que para hacer parecer a quien lo dice más sabiondo de lo que en realidad es. Por ejemplo, está el caso de quien menciona que una película se basa en tal libro. La mayoría de las veces no se ha leído el libro en cuestión, por tanto no se puede aprovechar el dato. Sin embargo, quien lo dice parece que estuviera prestando un servicio social indispensable.

Si alguien quiere saber algo en serio sobre James Franco, o sobre cualquier tema, debe buscar buenos libros o material audiovisual que probablemente no fue creado directamente para internet. Lo demás es un placer extraño. Los hipsters de la serie parecían estar muy entusiasmados con la lectura dramática de la Wikipedia de la estrella de Hollywood. Se entiende que era el morbo de ver al ídolo regodearse en su megalomanía. Pero cuando, sin divo recitador involucrado, vemos un video lleno de erudición facilona sobre lo que sea, satisfacemos una especie de fantasía intelectual, de manera análoga a como el porno satisface de modo imaginario el inexistente contacto sexual. Se entiende que no es que reemplace la experiencia real sino que entretiene el apetito de modo ilusorio. Así pues, quien ve un video sobre farándula, o sobre física cuántica, cree por un instante que de verdad sabe algo sobre tan complicados temas, y su atrofiada necesidad de saber se relaja por un momento. Puede llegar a creer que sabe del mundo del espectáculo, o de partículas subatómicas, como el pajero se cree amiguito de Shelly o Stacy o Svetlana, al menos por un instante, instante que parece la eternidad cuando se está viviendo.

La pornografía del intelecto, es decir, la satisfacción imaginaria de las necesidades intelectuales, puede que tenga menos inconvenientes desde un punto de vista moral que la pornografía propiamente dicha, la de carne y gemidos, pero en cambio es mucho más idiota.

Publicado por EL BLOG DE MAGÍN GARCÍA

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2 comentarios sobre “James Franco y la Wikipedia

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