Teoría del youtuber

A la pregunta sobre el género al que pertenecen los contenidos producidos por los youtubers (o los blogueros o los que hacen podcast o cualquier texto o audiovisual generado expresamente para internet) puede contestarse atendiendo a varios parámetros, como los temas tratados, el tono (cómico, polémico, serio, y todas las mezclas), la complejidad técnica del producto (edición, calidad del sonido e imagen), y es probable que muchos otros más. Sin embargo, otra manera de entender el fenómeno es fijándose en las características de quienes realizan los videos (o los blogs o los podcasts), en vez de en los productos como tales. En este sentido, se puede decir que el youtuber es un individuo que surge del anonimato para hablar al público más amplio posible, que idealmente está compuesto por todos los que tienen internet en el mundo.

Dejemos de lado los casos excepcionales de famosos que incursionan en el mundillo de las redes, y hablemos de la inmensa mayoría de anónimos creadores de contenido. El youtuber es alguien que habla a cámara como si estuviera respondiendo a un cuestionario, pero en realidad nadie le está preguntando nada, pues el youtuber habla solo. Esta soledad es la clave. El youtuber se entrevista a sí mismo. De ahí que el género al que pertenecen las obras de los youtubers sea el de la entrevista. El youtuber (el bloguero y el “podcastero”) son entrevistados y entrevistadores a la vez.

Tradicionalmente las entrevistas se realizaban a personas famosas, ya fuera por su profesión, como los políticos y los artistas, o por alguna circunstancia afortunada o terrible, como ganar la lotería o ser condenado a muerte. Pero en cualquier caso, la entrevista requería de la fama del entrevistado para ser atractiva para el público. Aunque, sobre todo en el caso de la televisión y la radio, era también famoso el entrevistador, lo cual hacía que una entrevista fuera, en muchos casos, la conversación entre dos celebridades. Tal espectáculo aún existe, pero ha perdido el encanto que solía tener en la época anterior al internet, precisamente porque la fama se ha abaratado, tanto del lado de los entrevistados como de los entrevistadores. En todo caso, la vasta mayoría de los youtubers (blogueros, “podcasteros”) no hubieran sido entrevistados antes de internet, y sobre todo antes de YouTube y las redes sociales.

El youtuber puede hacer gala de facilidad de palabra y dominio de los temas, porque nada es más fácil que contestar un examen que uno mismo ha diseñado. Las preguntas y las respuestas coinciden de modo maravilloso. Y aquí aparece un defecto de los youtubers respecto a la entrevista real de otras épocas: el personaje nunca se incomoda ni mete la pata en medio de la charla. Digo que es un defecto, pues estos resbalones han sido siempre el elemento a la vez más picante y más revelador de las entrevistas. Pero el youtuber ya sabe de sobra lo que va a decir, y puede desplegar sin temor su erudición o su ingenio, sean reales o ficticios, pues da igual, ya que nadie lo va a corregir o interpelar.

En esta simpática soledad vive el creador de contenido, dedicado al onanista placer de hablar solo, aunque la audiencia potencial sea de millones. Solo que en algunos casos ocurre el milagro de que el youtuber se vuelve famoso. Sus videos (o entradas o podcasts) empiezan a ser vistos por miles y hasta millones de personas. Vienen los comentarios, las colaboraciones, las sugerencias, los insultos y hasta las verdaderas entrevistas, en televisión, radio y prensa. Es en este punto cuando el youtuber pierde su característica desfachatez y su enorme seguridad. Se convierte en un humilde ciudadano a quien preguntan en la calle acerca de si está de acuerdo o no con el aumento del IVA o si cree que el seleccionador nacional debe renunciar después de los pésimos resultados en la eliminatoria. Afloran los lugares comunes, la tartamudez nerviosa, la timidez del simple hijo de vecino que lo único que quiere es que lo dejen tranquilo mientras ruñe su pedazo de pan en un rincón.

Tiene el youtuber además que responder a las necesidades de su numerosa audiencia, y ya se ve a gatas para salir adelante con las preguntas en las que no había pensado. Además, el youtuber empieza a vender cosas, que pueden ser camisetas o asesorías. Ya en este punto la ficción de la autoentrevista, donde un desconocido conversa con otro desconocido, siendo los dos la misma persona, se cae definitivamente, o casi. El youtuber se muestra como lo que es, como lo que siempre fue: un obrero sin “coloca”, personaje de los más característicos en cualquier drama social. El pobre tipo se para junto a la malla que rodea alguna obra de construcción a esperar que el encargado se fije en él y le dé aunque sea un día de jornal. A este personaje no lo entrevistan en los programas del “prime time”, a lo sumo lo exhiben en algún reportaje sobre el desempleo urbano.

Es paradójico como el éxito hace que aparezca la triste realidad del youtuber, pues solo en la oscuridad del anonimato puede alguien dedicarse al extraño y encantador juego de entrevistarse a sí mismo, como si fuera alguien que tuviera algo para decir.

Publicado por EL BLOG DE MAGÍN GARCÍA

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