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El amor es más frío que la muerte

El amor es más frío que la muerte (Liebe ist kälter als der Tod, Rainer Werner Fassbinder, 1969)

El primer largo de Fassbinder es una obra característica del cine de las “nuevas olas” de los años sesenta, con muchas de sus marcas características: cinefilia, sobre todo del cine de género de Hollywood, ambientes urbanos marginales, jóvenes desorientados, distanciamiento brechtiano, y por último, aunque quizás sea lo más importante, evidente escasez de dinero. Digo que es lo más importante, porque la sobriedad de medios era la garantía de la posibilidad de hacer películas que normalmente no gustaban a gran parte del público ni a muchos críticos.

Pero de estos asuntos históricos no puedo decir gran cosa, ya que ni siquiera he visto mucho cine de Fassbinder ni de su época -salvo unas cuantas obras muy famosas en cualquier lista cinéfila-. Más importante para el espectador menos erudito es la dinámica erótica de los personajes. Detrás del paródico drama gansteril se puede ver un contraste entre la relación de mutua explotación, sexual y económica, entre el proxeneta Franz y la prostituta Joanna, y la amistad complicada, pero sincera, entre el mismo Franz y el mafioso Bruno. Son dos formas de amor, la primera basada en la mutua dependencia, a nivel de la carne y del metal, mientras que la relación entre los dos delincuentes es una especie de amor platónico donde la belleza y amabilidad del estereotípico mafioso conquistan y amansan al rudo criminal.

Aparte de que se trata de una obra menor, es notable la forma como la película no se queda en un simple juego inteligente con géneros populares del cine, o con el cine de Godard o Rohmer, ni en un experimento con el teatro brechtiano. La peliculita se atreve a reflexionar sobre las diversas, y trágicas, formas de relaciones entre los seres humanos, en medio de la áspera lucha por la existencia. Es curioso, pero si los personajes logran interesarnos se debe a que los actores pegan muy bien con sus papeles y en cierta forma se identifican con ellos. Al menos eso es lo que transmiten en pantalla. He aquí un aspecto del cine que no parece que cambie mucho a lo largo de su historia y sus revoluciones.

Publicado por EL BLOG DE MAGÍN GARCÍA

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